sábado, 29 de abril de 2017

El Santuario de la Virgen de la Cabeza, el faro santo de Sierra Morena

El último domingo de abril está marcado en rojo en el calendario de media España.

Miles de peregrinos, fieles y devotos se dan cita en el corazón de Sierra Morena y del Parque Natural de las Sierras de Andújar para acudir a la Romería de la Virgen de la Cabeza, la más antigua de España.

Francamente, poco puedo decir que no esté ya dicho y escrito sobre este lugar, pero puesto que muchos que vivís lejos y en el extranjero (Estados Unidos, Alemania, Bélgica y Argentina) me lo habéis pedido, voy a invitaros a viajar a este lugar tan querido por mí y por tantos y tantas.

Hoy, vamos a viajar a la Basílica Santuario de la Virgen de la Cabeza.


Para llegar a este lugar, uno siempre debe emprender el mismo viaje que le lleve hasta la ciudad de Andújar, a orillas del Guadalquivir. Entrando por el puente romano sobre el río que desemboca en una gran fuente donde los caminos de peregrinos y viajeros en coche se dividen, atravesamos la ciudad hasta llegar a una rotonda dedicada a la montería, muy famosa en esta Sierra.

Desde aquí, nos esperan casi 30 kilómetros de carretera de montaña serpenteante, en la que el paisaje cambiará rápidamente, pasando de los iniciales olivares y tierras de cultivo, al bosque mediterráneo invadido en demasiadas ocasiones por bosques de repoblación de pinos,  cipreses y un largo etc.


En el camino, encontraremos infinidad de restaurantes, alojamientos rurales, centros de interpretación, alguna aldea y varios monumentos que nos van avisando de que nuestro camino se va acabando.



Tras cruzar el puente sobre el río Jándula, el Santuario aparece ante nosotros magnífico, aunque siempre podemos hacer una parada en el área recreativa del Jabalí donde podremos recuperarnos de tantas curvas.


Cuando recorramos esta sinuosa carretera, siempre, siempre y digo SIEMPRE debemos tener presente que nos encontramos en la casa del felino más amenazado del mundo, el Lince Ibérico, que en numerosas ocasiones ha aparecido por la carretera y ha sido atropellado, poniendo en riesgo la continuidad de esta especie en peligro crítico de extinción. Por no hablar de la variada fauna de esta Sierra, que en más de una ocasión también hace acto de presencia.

 

Al final del camino, nos encontraremos ante el Cerro del Cabezo, el cual está rodeado por un inmenso poblado en el que se suceden hoteles, albergues y casas de hermandades de media España.


 

Un pequeño pueblo que durante buena parte del año es habitado por un puñado de habitantes (sin contar con los monjes trinitarios que viven en el Santuario) y que los días cercanos al último domingo de abril, se convierte en una gigantesca ciudad que en muchas ocasiones supera el medio millón de habitantes; un número tremendo sabiendo además que es casi la misma población que vive en la provincia.

 

Adentrándonos en la ciudad de las hermandades, llegaremos ante el arco que da entrada a la calzada, que asciende entre los riscos hacia el cielo.


 

Una calzada de piedras desgastadas por miles de zapatos, pies descalzos y rodillas desgastadas por miles de penitentes que recorren el lugar pidiendo perdón y cumpliendo promesas.


 

Al llegar a la cima de este cerro rocoso, las vistas son impresionantes. Centenares de kilómetros de sierras y bosques salpicados por embalses y a lo lejos, poblaciones que se encuentran a mucha distancia, como Arjona, La Higuera e incluso la Peña de Martos a casi 90 kilómetros de distancia.



Llegar ante el Santuario es encontrarse con la espadaña de campanas cuyo sonido peculiar llama a los fieles de todos los contornos al tiempo que emociona y cautiva a todo aquel que las escucha.


En el interior del Santuario, donde hasta las golondrinas tienen su sitio, dormitan los anderos de la Virgen la noche antes de su salida procesional y el resto del año, da lugar a miles de celebraciones, entre bodas, eucaristías y misas romeras.

 

Normalmente para acceder al Camarín de la Virgen, debemos pasar por un pasillo contiguo convertido en Museo Mariano, donde miles de imágenes de vírgenes de media España tienen cabida, mientras nos vamos acercando al lugar donde reposan los sueños de cientos de miles de personas.


El Camarín de la Virgen se encuentra envuelto en una atmósfera gloriosa, donde se confunden miles de aromas de flores que se acumulan en torno a la santa imagen de la Virgen de la Cabeza.


Ante la imagen de la Virgen, cantos, sollozos, rezos, vivas, súplicas, peticiones y un reguero de visitantes que nunca para.

La Morenita, la Santísima Virgen de la Cabeza se encuentra en el mismo lugar que en 1227, se apareció al pastor de Colomera, Juan Alonso Rivas. Dicho pastor apacentaba sus cabras y ovejas, en las alturas de Sierra Morena junto a la cumbre del Cabezo. Era cristiano fervoroso aquejado de una anquilosis o paralización total en el brazo izquierdo.

 

Se dice que durante días, llamaron su atención luminarias que divisaba por las noches sobre el monte cercano adonde estaba su hato y el tañido de una campana. Finalmente, en la noche del 11 al 12 de agosto del año 1.227 resolvió dirigirse al lugar. A su temor sucedió una expresión de asombro y gozo, porque en una pequeña covacha de granito, encontró una imagen pequeña de la Virgen, ante cuya presencia se arrodilló el pastor y oró en voz alta entablando un diálogo con la Señora.


La Santísima Imagen le expresó su deseo de que allí se levantara un templo, enviándolo a Andújar para que anunciara dichos hechos y mostrara la recuperación del movimiento en su brazo dando crédito a sus palabras. Aquellos años, en los que el cristianismo acababa de regresar al lugar por el Pacto de las Navas de Tolosa, en el que el rey cristiano Fernando III el Santo conquistaba las ciudades de Andújar y Martos a los moros, fue un hecho trascendental que rápidamente dio origen a la actual romería.

 

Curiosamente, dicha aparición tuvo lugar en el mismo sitio en que miles de años atrás había existido un santuario prehistórico. Aquel hecho, sigue recordándose hoy en día, en las madrugadas de agosto, con una procesión nocturna que también atrae a miles de personas.

Muy cerca de la Virgen se encuentra el patio donde se conserva el lugar exacto donde se apareció rodeado de un vergel de plantas ornamentales y flores.



La visita siempre culmina en los antiguos pasadizos convertidos en improvisado altar donde lucen miles de velas durante todo el año, a excepción de la romería, ya que en ese momento es tal la acumulación de velas, que se usa una enorme antorcha donde arden por días.


Estos "pasadizos" son los vestigios del asedio que soportó este santuario durante la Guerra civil.


Pero eso amigas/os míos, es otra historia que tengo reservada para otra entrada de las muchas que tengo pendientes de este lugar, como la Ruta de los Peregrinos, los embalses de esta sierra y el entorno del Jándula.

Aquí me despido, invitándoos a que disfrutéis de la Romería al menos una vez en la vida, puesto que estoy seguro de que una vez descubráis esta celebración centenaria, repetiréis

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