martes, 21 de marzo de 2017

La Torre Albarrana de Martos: la Puerta del Olvido

Me preguntaba recientemente un amigo que por qué escribir sobre Martos.

¿Para qué molestarse en invertir el tiempo en escribir cuando todo está ya dicho y estudiado en esta ciudad milenaria?

¿Para qué escribir sobre Martos si otros con más estudios, sabiduría, etc, ect, etc lo hacen?

Y yo siempre tengo la misma contestación.
Primero, porque me gusta escribir y si es sobre mi "gloriosa ciudad" (así considerada por grandes marteños), más aún.

Segundo, porque efectivamente creo que estoy INVIRTIENDO mi tiempo, no lo estoy malgastando; nunca se malgasta el tiempo o vida de uno cuando se dedica a algo que te apasiona y además, creo sinceramente que está ayudando a marteños y no marteños a conocernos a nosotros mismos (y con este articulo haremos la prueba de ello).

Porque escribir con gusto sobre algo, nunca es una molestia y finalmente, porque el hábito no hace al monje y uno puede tener muchos estudios y/o lo que sea y verse superado por gentes "sin conocimientos"...¿o acaso, por ejemplo, no cuentan los libros de historia cómo más de un personaje mediocre consiguió hacerse con el poder de grandes naciones, por delante de mandatarios ilustres?

Y como decía al principio, aún queda mucho por conocer, descubrir y poner en valor.

El lugar que hoy vamos a visitar es el claro ejemplo.
¿Quién no conoce la Torre Albarrana o Torreón de la Calle Real?


Todo hijo/a de marteña/o, ¿no es así?

Situado en un lugar de paso obligado, este gigante de roca y mortero guarda la entrada a la Plaza de la Constitución de nuestra ciudad desde hace siglos.
Sin embargo, ¿cuánta gente la conoce de verdad? ¿Cuánta gente ha podido adentrarse en ella, en su historia y tocar sus añejas e históricas piedras?

¿Cuántos han podido subir a ella y disfrutar de las vistas que desde la terraza ofrece?

Muy pocos. Esta guardiana de la ciudad vieja de Martos, a pesar de su cercanía, es una gran desconocida.

Hasta 1931 en este lugar se encontraba una fonda llamada "de los Cojos" y tras su cierre, durante muchos años fue utilizada como vivienda integrada en el caserío marteño.

Una vivienda que estrechaba enormemente la Calle Real, adaptada durante siglos al paso de caballos y carruajes.
Tras varios años abandonada dicha vivienda, fue demolida y transformada en aparcamiento y la torre que formaba parte de la misma, fue restaurada en los albores del siglo XXI.

Pero en dicha restauración, no se tuvo en cuenta que al recuperar un elemento arquitectónico histórico debe contarse también con un proyecto de puesta en valor del mismo, porque si no, dicho elemento acaba convertido en un mero florero inservible y ajeno a la ciudadanía.

Vistas desde la Torre
Cerca de 20 años han pasado desde la restauración de la Torre Albarrana de la Calle Real De San Fernando y desde ese tiempo poco se ha hecho para convertirla en un elemento activo y visitable del conjunto patrimonial y amurallado marteño, haciendo que quede apartada de todo.

 

Tras muchos años este lugar sigue cerrado a cal y canto cuando con una pequeña inversión, podría convertirse en un pequeño parque urbano (del que el casco antiguo adolece) y en un reclamo turístico más de nuestra ciudad.


Hablamos de una estructura defensiva construida por la Orden de Calatrava que, tras la toma de la ciudad de Martos y el paso de esta a su control, erigió un formidable cinturón amurallado en el que se abrieron varias puertas de las que no ha sobrevivido ninguna al paso del tiempo.


Aún así, en esta torre encontramos el arranque de la que fuera puerta de entrada principal a Martos, la cual fue guardada y defendida por la torre. Esta, antes de su restauración, tenía estancias internas que, misteriosamente, fueron tapiadas tras la restauración. Ciertamente, es muy probable que al menos tuviera una estancia interna que pudiera dar acceso a la azotea.

Antigua imagen de la Torre
En la actualidad, la torre se encuentra rodeada por un murete. Hasta ella, se accede por una puerta de hierro que nos lleva hasta las faldas de la Peña de Martos, pues junto a esta torre afloran las mismas rocas.




Pasando por una pequeña terraza sobre la calle, llegamos a una escalinata de grandes y viejos peldaños que nos dirige hacia otra escalinata medio sepultada entre la hiedra y la tierra. Esta última nos lleva hacia un hueco en la torre, con una ventana. Un espacio extraño, que muy posiblemente guardaría el acceso a la torre.




Ascendiendo un poco más, llegamos hasta la muralla que nos conduce a la azotea, desde donde podremos disfrutar de unas singulares vistas de todas las murallas que se conservan junto a la torre, que en un estado precario, hacen de tapias de los patios aledaños, ignoradas en su historia y grandiosidad.





También podemos ver muy cerca el antiguo colegio de la Calle Adarves, el antiguo edificio del Banco Español de Crédito o sede del Psoe, todo el Castillo Bajo de la Villa y unas impresionantes vistas de Martos.


 


Un lugar para descubrir, para disfrutar y que bien merece una atención mucho mayor de la que hoy tiene.

domingo, 12 de marzo de 2017

Ruta de Fuensanta a Cueva Terriza: Donde duermen la Leyendas

Ahora que va terminando la temporada de la aceituna y los campos vuelven a una relativa calma tras los meses de recolección en los que han estado plagados de visitantes y de maquinaria, y puesto que también la primavera se va aproximando haciendo que el verde vuelva a ataviar nuestros olivares y sierras, apetece salir de ruta para explorar una vez más la Sierra Sur de Jaén; este vergel desconocido e inexplorado por muchos, y olvidado por tantos y tantos que ignoran todas las maravillas que atesora.

Hoy, os invito a descubrir una de esas maravillas que esconde nuestra sierra y que ha sido protagonista de no pocas historias y leyendas.


Nos vamos a descubrir la Cueva Terriza de Fuensanta de Martos.

Para comenzar esta fácil e interesante ruta, podemos tomar como punto de inicio el Parque de la localidad y la Fuente que da nombre a la misma, la Fuente Santa o Fuente de la Negra; un lugar famoso desde hace siglos por sus aguas, se cree, sanadoras, mágicas y telúricas, que aunque quedará alejada de nuestro objetivo en esta ruta, también tendrá su parte de protagonismo. 

Pero no adelantemos acontecimientos.


Desde aquí, podremos recorrer los escasos metros de la Avenida del Río hasta llegar al Pilar de las Tinajas o Vadera, desde donde nos dirigimos hacia las afueras del pueblo ascendiendo lenta y trabajosamente por estas calles adaptadas a los cerros en los que se asientan.


Poco a poco, los olivares y almendros salpicados de pequeñas huertas y casas de campo, van dando paso a las encinas y matorrales mientras que se van abriendo, proporcionando unas grandiosas vistas primero de la propia Fuensanta y después, de muchos pueblos del entorno hasta terminar por regalarnos unas curiosas vistas del Cerro de la Mota y de la Fortaleza de Alcalá la Real.



Y digo que son unas vistas curiosas puesto que uno no está acostumbrado a deleitarse con las vistas de este histórico cerro...ya que desde mi lugar de residencia, las cumbres de Ahillos y de Caracolera, entre Martos y Alcaudete, esconden cualquier visión más allá de las mismas.


Mientras recorremos los olivares, van surgiendo ante nuestros ojos cerros rocosos a los que nos vamos acercando peligrosamente, en cuyas laderas no ha conseguido arraigar el olivar, estando aún pobladas por bosques de encinas y coscojares.


En este momento, al encaminarme hacia la cima de estos cerros pelados, donde el olivar se va encajonando en las cañadas y barrancos...os tengo que hacer una advertencia. De buena seña sé, que existen rutas señalizadas para llegar a la cueva en cuestión a la que nos dirigimos. Pero yo siempre he creído que seguir los caminos ya establecidos, recorridos por otras personas, es aburrido y predecible. Yo, siempre prefiero la ruta más directa, aunque sea desconocida y salvaje, ya que siempre suele deparar más de una sorpresa e incluso me puede poner en algún apuro, que hace que luego recuerde con más cariño o menos tal o cual ruta.


Hay amores que matan y el mío es el senderismo, qué le vamos a hacer.


Volviendo a lo importante. Una vez llegados a un pequeño olivar, encajonado en el fondo de un barranco, llega el momento de ascender a las cumbres rocosas que hasta el momento nos estaban vigilando desde arriba. En la ascensión, podremos disfrutar de hermosas vistas de los encinares y de las sierras que circundan esta zona.


Debemos ir preparados para llevarnos algún que otro sobresalto y es que en esta zona, abundan las cabras montesas en gran número, además de búhos y águilas a los que deberemos molestar lo menos posible, puesto que en estos momentos, seremos nosotros los que estemos en su casa.



Tras el pequeño ascenso, llegaremos a un claro en el bosque labrado para la búsqueda de setas que en esta zona también son muy numerosas y suculentas, y es que aquí abundan las setas de cardo, entre otras.


Caminando por el límite del campo arado, llegaremos a una higuera que llama la atención por ser la única de su especie en todo el bosque y sobre todo, porque bajo sus ramas y raíces, se abre un enorme boquete en el suelo.


Ante nuestros ojos, aparece la Cueva Terriza.


Una estancia de unos 20 metros cuadrados surge bajo el suelo del bosque. A la vista queda que ha sido utilizada usualmente por pastores que seguramente la utilicen como refugio ante las inclemencias del tiempo, aunque en el interior de esta estancia subterránea, nunca deja de gotear el agua que se filtra por todas partes y que llena de musgos todas las paredes, dándole a las mismas un aspecto extraño y fantasmagórico.


La cueva se va estrechando conforme baja, al tiempo que la luz que se adentra en ella se reduce rápidamente, haciendo que el fondo de la misma sea un lugar lúgubre y agobiante al que no mucha gente es capaz de asomarse y con razón, puesto que esta cueva termina en un pozo casi vertical de unos 10 metros de profundidad. En este punto, surge otra pequeña estancia a la que solo pueden llegar los atrevidos e intrépidos aficionados a la exploración de estas estancias subterráneas que tengan experiencia y vayan pertrechados para la escalada, claro, ya que en este pozo abunda y mucho la humedad y el agua.


De este lugar, surge la leyenda de que hace mucho tiempo, en la cueva se guardó gran cantidad de paja para alimentar al ganado y que cuando la misma fue cayendo por el pozo, fue arrastrada por las aguas subterráneas hasta surgir por la Fuente de la Negra, donde comenzamos nuestra ruta.


También cuenta la historia, que en este lugar la guerrilla de Cencerro encontró en varias ocasiones refugio durante sus andanzas contra la dictadura franquista, como ya habían hecho los bandoleros decimonónicos que lucharon contra los franceses en la Guerra de la Independencia, como el guerrillero Luis Candelas o Antonio "el de Martos".



Por no hablar de las historias de fantasmas, aparecidos, almas en pena y tesoros magníficos escondidos en este sitio que siempre suelen llenar estos lugares oscuros, tan llenos de misterio para el hombre desde tiempos ancestrales.


Una vez terminada nuestra visita a las entrañas de la Tierra, toca proseguir la ruta adentrándonos aún más en la espesura del bosque. Un bosque que termina en cuanto alcanzamos la cumbre de la montaña, donde la vegetación desaparece en gran parte. Nos encontraremos en un roquedal donde la mano del hombre ha dejado su huella durante milenios y las grandes cantidades de roca que aquí encontramos, han sido prolíficamente utilizadas para la construcción de chozas y corrales, o simplemente aparecen acumuladas en grandes cantidades, en un intento de dejar hueco a las tierras de cultivo, ya que antiguamente estos lugares fueron zona de siembra de cereal.




Desde estas alturas, podremos contemplar unas singulares vistas de toda Fuensanta, de la Peña de Martos, del Pantano del Víboras y de toda esta parte de la Sierra Sur de Jaén, mientras vamos perdiendo altitud y regresando hacia nuestro punto de partida, acercándonos por los cortados del despeñadero de Fuensanta.




Así, llegamos al final de nuestra ruta y nos adentraremos una vez más por las callejuelas de Fuensanta de Martos. Un lugar que debe su nombre y denominación al pérfido rey Alfonso XIII, quien en 1916 decidió cambiar la denominación de muchos pueblos de nuestra provincia.



Con este dato histórico, terminamos, sabiendo que muy pronto, volverán nuestros pasos a recorrer estos hermosos parajes.

martes, 21 de febrero de 2017

Ruta por el Martos Rural: Sierra de la Caracolera, el Mirador olvidado

Tal y como prometí el año pasado por estas fechas, me dirijo de nuevo hacia la pedanía marteña de Las Casillas para continuar explorando esta parte del Término Municipal de Martos, que para mí es muy interesante y sugerente, ya que esta parte situada al sur del término es una excepción puesto que por aquí, el olivar no es el rey que ocupa todo a cuanto alcanza la vista, sino que aquí tiene que rivalizar con bosquetes e islas de matorral, encina y roquedales.


Y lo hago de nuevo con motivo de la II Edición del Cross del Víboras, que el año pasado consiguió un éxito rotundo de participación la cual colapsó prácticamente las calles de Las Casillas, llenándolas de corredores y senderistas, y convirtiéndose en un reclamo deportivo-turístico muy importante de la provincia.


En esta ocasión, quiero aportar una vez más mi grano de arena para dar a conocer esta parte de mi pueblo, tan desconocida y que tiene tanto que aportar y por dar a conocer.

Hoy os ofrezco una ruta para descubrir el Martos más rural, partiendo desde Las Casillas en dirección a las cumbres de la Sierra de la Caracolera.



Nuestra ruta partirá con vistas al Cerro del Víboras, en la orilla opuesta del Río homónimo, donde tendremos unas vistas excepcionales de este escarpado cerro, que cuenta con una dilatada historia.



Además de contarnos mucho sobre ataques cristianos y contraataques nazaríes, de tesoros maravillosos, de romanos y de íberos, este lugar nos puede contar la historia de lo que aquí ocurrió hace aproximadamente 200 millones de años (período Triásico); cuando toda la zona e incluso toda España se encontraba sumergida bajo las aguas del prehistórico mar de Thetis.


En el lugar donde se encuentra este cerro, la corteza terrestre se fracturó permitiendo que el magma de las profundidades de la Tierra ascendiera en una chimenea volcánica, que aunque no llegó a perforar totalmente dicha corteza y expulsar lava al exterior formando un volcán, sí que permitió elevar los terrenos que se encontraban sobre dicha chimenea, transformando a su paso los materiales que encontraba y formando finalmente el Cerro del Castillo del Víboras, tal y como lo conocemos.



Tras alejarnos poco a poco de este enigmático e histórico lugar, vamos recorriendo antiguos caminos utilizados desde hace siglos por los aceituneros/as para transportar sus negras aceitunas, ayer en mulos y burros, hoy en vehículos todoterreno y nos vamos acercando a la gran muralla artificial del Pantano del Víboras.

 

Esta mole gigante, que embalsa las aguas del Río Víboras, es un proyecto decimonónico inicialmente pensado en 1905, que estuvo a punto de construirse durante la dictadura de Primo de Rivera y que siguió siendo una idea que rondaba en las cabezas de ingenieros en los años 50 del pasado siglo, cuando el plan franquista bautizado como Plan Jaén pretendía sacar del olvido a nuestra provincia. Finalmente, comenzó a tomar forma en los años 70, cuando el Manantial de la Maleza que hasta entonces abastecía a toda la ciudad de Martos, se quedó pequeño para abastecer a una población creciente y tuvieron que acometerse las obras para traer el agua a Martos desde el paraje del Chorro en la línea entre Martos y Fuensanta.


En ese momento, cuando comienza a construirse el Pantano del Quiebrajano en Jaén, surge con fuerza la idea de llevar la construcción del Pantano del Víboras a buen término, para asegurar el abastecimiento de agua a unas 200.000 personas entre Jaén y Martos (Lopera, Porcuna, Higuera de Calatrava, Santiago de Calatrava, Jamilena, etc.) formando el sistema Víboras-Quiebrajano.

Este pantano, construido finalmente en los años 90, fue originalmente pensado para albergar 19 hm³ de agua, aunque en la actualidad no puede guardar más que la mitad lamentablemente, al no haberse adaptado los sistemas de evacuación de aguas de Las Casillas al mismo. Esperemos que en el futuro, dicho problema finalmente concluya y este pequeño lago artificial se convierta en el gigante que debe ser y pueda dar mucha vida, tanto a las miles de personas y cultivos que dependen de él, como a las cientas de especies animales que han encontrado en el mismo un singular hábitat para vivir.


Llegados a este punto, abandonamos los carriles pecuarios que hasta ahora estábamos recorriendo y tomamos la carretera JA-3307 que nos llevará a escalar las laderas de la sierra y nos irá acercando hacia la pequeña pedanía de Villar bajo, compuesta por varios cortijos que se agrupan en toda la zona, donde el tiempo transcurre más despacio y la vida, aún es "como antaño", con varias familias viviendo de sus propios productos, ya sean de la huerta o de su propio corral.


Este lugar sufrió la despoblación en varias épocas y muchas personas jóvenes y no tan jóvenes se despidieron del mismo o si acaso, lo dejaron como un lugar de recreo y veraneo, olvidando su vida, que es cada día más valorada por extranjeros que van poblando cada vez con mayor profusión toda esta zona montañosa.


Sin darnos cuenta, la cumbre de La Caracolera empezará a cobrar protagonismo y al llegar a un pequeño puerto de montaña, donde ante nuestros ojos aparece la vecina Sierra de Ahillos, volvemos a adentrarnos en un carril de tierra donde el olivar omnipotente comenzará a desaparecer y los encinares, pinares y coscojares salpicados de madroños y retamas comenzarán a ocupar cada vez más espacio, conforme sigamos ganando altura.



En un momento dado, el carril de tierra se convertirá en uno de cemento, muy posiblemente construido para vencer las grandes pendientes que cualquiera diría que a cada metro son más empinadas.



Para nuestra sorpresa, el olivar, en una idea obstinada por ocupar hasta el último rincón fértil de la tierra, llega casi hasta la cima de la sierra, donde francamente las condiciones deben de ser bastante duras para que se pueda dar una cosecha nimiamente decente.


En este punto, en la Línea Divisoria entre Martos y Alcaudete, marcada visiblemente por un mojón que muy posiblemente lleve colocado en este lugar muchos siglos, comienza el ascenso final en el que la Sierra de la Caracolera, bautizada así según parece por la existencia de cantidad de fósiles marinos en forma de caracol (ammonites), se convierte en un mar de piedra en el que apenas crecen algunas especies vegetales adaptadas a las condiciones de esta cumbre.


Y al llegar a la cumbre, podemos descansar y maravillarnos con las impresionantes panorámicas que nos ofrece este lugar, visible desde casi cualquier punto del Término de Martos y que en demasiadas ocasiones es ignorado.



Desde este magnífico observatorio podemos ver Martos, La Carrasca, Fuensanta de Martos, La Bobadilla, Torredonjimeno, Castillo de Locubín, Ventas del Carrizal, Luque, Priego de Córdoba y cómo no, Las Casillas de Martos, con su pantano y su castillo.



Más de 80 kilómetros a la redonda se extienden poblados por el mar de olivos de esta parte de Jaén y de Córdoba. A nuestras espaldas, la Sierra de Ahillos parece proteger a su pueblo, Alcaudete, que también podemos ver desde aquí, presidido por su castillo medieval.



Este lugar, muy frecuentado por aficionados al parapente y al paramotor, además de por senderistas, recogedores de frutos silvestres y fotógrafos, es un lugar ideal para relajarse, para olvidarse del mundanal ruido que siempre nos acompaña más abajo, en la civilización, al mismo tiempo que nos invita a pensar en tantísimas personas y en sus hogares que desde aquí podemos ver, que estarán sumergidas en su vida diaria, ignorando que mientras tanto, ahí, en esa cima de la Sierra Sur de Jaén estaremos nosotros, convertidos en vigilantes de todo este lugar que tanto tiene por ofrecer y por dar a conocer.


Es en este lugar, donde sucedieron no pocas historias de moros en desbandada, que en su huida, escondieron tesoros en estos riscos que jamás pudieron recuperar. En esta sierra, muy probablemente recorrida por bandoleros y guerrilleros antifranquistas, terminamos.


Por hoy, ponemos punto y final a esta ruta, eso sí, sin dejar de aprovechar de nuevo la ocasión para invitaros a participar en el Cross del Víboras.

¡La naturaleza, la historia y el deporte nos esperan!