Por casualidad, hoy me ha dado por escribir esta entrada sobre el cautivador Valle de Otíñar el mismo día que en todo el continente europeo se celebra el "Día de la Red Natura 2000";
la red de espacios protegidos europea que basa su existencia en la
defensa y conservación de la biodiversidad. En nuestro país, dicha red
tiene el mayor territorio protegido, sin embargo, considero muy
necesaria su
presencia en las bellas y desprotegidas cumbres de nuestra Sierra Sur de Jaén.
Pues
bien, una vez más, y no pienso parar de repetirlo, os voy a enseñar otro
rincón de nuestra provincia que clama por recibir protección para su
riqueza patrimonial, natural y geológica.
Se trata del Valle de Otíñar, un hermoso lugar a escasos 13 kilómetros de Jaén Capital.
Un gran desconocido para la mayoría de las personas de nuestra
provincia, y esto es lo llamativo, ya que en él encontramos una gran
cantidad de tesoros.
Hoy os voy a enseñar una pequeña ruta, ya que sería mucho lo que se podría hablar de este lugar.
Partiendo desde Jaén hacia el Puente de la Sierra, y pasada esta urbanización, encontramos una carretera en un estado regular, que fue un antiguo camino que unió Jaén y Granada.
A poco de pasar las últimas casas, el paisaje cambia rápidamente,
volviéndose abrupto, a la vez que los olivares empiezan a ceder terreno al bosque y
la naturaleza toma las riendas totalmente del lugar.
Ante nosotros aparecerán los impresionantes cortados, que durante miles de años fueron labrando el
Río Valdearazo,
formando este impresionante cañón fluvial. Al poco de entrar en esta
sierra, sobre un espolón rocoso, nos topamos con un extraño monumento
llamado
El Vitor de Carlos III. Se trata de un monolito de 300
años de historia, construido para recordar el arreglo de este
antiquísimo camino y desde donde se pueden apreciar unas tremendas
vistas, tanto del cercano
Jaén como de todo el entorno que nos rodea.
Desde
este mismo lugar, si ascendemos montaña arriba, encontramos uno de los
pocos dólmenes megalíticos que existen en nuestra provincia: el llamado
Dolmen del Cerro Calar, que surge en una pequeña llanura semienterrado.
A
pesar de lo apartado del lugar, la estupidez humana no tiene límites y
esta enorme construcción funeraria megalítica está sufriendo los
efectos del vandalismo, del expolio y la dejadez por parte de las
administraciones, perjudicando así enormemente los enormes menhires
que forman esta construcción funeraria. En pocos lugares del mundo monumentos tan importantes estarían tan olvidados.
Volviendo
a la carretera, empapados del misticismo de los lugares visitados,
podemos ver en el horizonte, altivo, el Castillo de Otíñar, hacia donde nos dirigimos.
Acercándonos
ya, debemos saber que nos encontramos en la primera zona patrimonial de
Andalucía que ha sido ocupada por el ser humano desde el Neolítico a la
Edad del Cobre, pasando por las Épocas de Roma, Medievo, hasta llegar a
nuestros días.
A
los pies del castillo, se encuentra la aldea abandonada de Otíñar o
Santa Cristina, cuya historia está marcada por la presencia de un señor
llamado
Jacinto Cañada que entre otras cosas, adquirió la obligación de
reedificar la
Villa medieval de Otíñar, sus casas y edificios
públicos en 4 años y finalmente, incumplió su palabra.
Eso
sí, lo que sí que consiguió fueron "buenos dineros" deforestando toda
la zona para hacer carbón y autoproclamarse en 1833, Barón de Otíñar
aprovechando
los privilegios otorgados a los fundadores de nuevas poblaciones, ya que, supuestamente, fundó la Villa de Santa Cristina.
Tras conseguir este honor, durante casi dos siglos esta Villa fue despoblada y repoblada, construida y
destruida, según el interés de los dueños y señores de este lugar, obligando a los otiñeros a
estar bajo el yugo y órdenes de un señor, sin representación ni ayuntamiento. A excepción
de los años de la
II República Española, donde desde el Gobierno se realizó un
reparto de las tierras, quedando el "amo" privado de rentas y tierras,
atemorizado porque sus "súbditos" se habían convertido en sus iguales.
Tras
la Guerra civil, la dictadura volvió a traer lo peor de la
estructura feudal de este pueblo y toda la presión y poder de los
"señores" recayó otra vez sobre sus habitantes, que quedaron bajo la
amenaza del
ejército acuartelado en las mismas casas del pueblo.
Finalmente, tras la imposición de pago
de los arriendos atrasados durante la república y sus intereses por parte del "amo" a los habitantes, estos
comienzan a ser expulsados hasta quedar la Villa de Otíñar despoblada y
sus casas destruidas, pobladas de escombros y olvido.
El
castillo que se alza sobre todo en este lugar, fue levantado por orden de
Fernando III tras la toma de
Jaén para la defensa de la frontera con
Granada.
A pesar de ser de gran tamaño, esta fortaleza fue defendida tan solo por
tres soldados. Dos que estarían constantemente en guardia, vigilando y
dando la alarma en caso de ataque utilizando señales de humo y un
tercero, como enlace con el poblado y como cazador.
Francamente,
cuando se visita este lugar, uno siente algo...quizás sea el peso de la
historia, tal vez sea lo sobrecogedor que es este bello entorno...o
quién sabe qué, pero uno siente realmente algo especial al tocar estas
vetustas paredes. No es de extrañar que este lugar sea señalado por la
mayoría de las personas que conocemos el sitio como una zona "mística"
de nuestra provincia.
Bajo
el castillo, se encuentra el Barranco de la Tinaja que guarda un tesoro
con 6000 años de historia: la Cueva del Toril. En ella, nos encontramos
un conjunto de petroglifos, que forman un calendario solar prehistórico
en el que se realizarían ritos en los solsticios y equinoccios y que
como todo este valle, se encuentra en un estado de abandono lamentable,
de forma incomprensible.
Para
terminar nuestra ruta, continuaremos por la carretera que se
bifurca. Si tomamos el camino de la izquierda, nos adentraremos en la
sierra llegando al Área Recreativa de la Cañada de las Hazadillas.
Si tomamos la bifurcación de la derecha, tras pasar varios túneles, llegamos al pantano del Quiebrajano,
en el que podremos seguir disfrutando de las vistas de esta sierra, la
cual nunca terminaremos de conocer del todo. O sí...todo se andará.